Joaquín Cortés y su soledad
Cuando una persona no entiende de algo, lo mejor es dejarse llevar e intentar apreciarlo con el corazón. El arte es lo que tiene, que se tiene que sentir. Es el caso del flamenco. Esta musa que escribe no es una experta en cuestiones flamenqueras, pero quiso ir al estreno del espectáculo Mi Soledad, en Vista Alegre, para sentir en sus propias carnes lo que en el resto del mundo es ya un mito: ver a Joaquín Cortés en estado puro, dándolo todo sobre el escenario.
La primera parte del espectáculo es quizá la menos comprensible, el bailarín hace de todo menos bailar, lo que no deja de sorprender a los presentes que continúan expectantes ante un espectáculo cuanto menos contradictorio. La música es fabulosa y el vestuario de Jean Paul Gaultier llena el escenario. Pero después de esa presentación de la soledad del artista, donde el baile se convierte en algo secundario, aparece un Joaquín Cortés que durante el resto del espectáculo se deja la piel (y los tacones) ante su público. Después de tres años sin pisar los escenarios españoles, el gitano nacido en Córdoba y criado en el castizo barrio de Lavapiés, vuelve a su tierra para darle en las narices a los conservadores que tacharon su arte de efímero.
Escrito: Marzo 12th, 2006 en la sección Música y baile, por Euterpe.
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