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¿Los girasoles ciegos o la desorientación de unos?

En enero de 2004 Anagrama publicaba esta recopilación de relatos de Alberto Méndez (muerto en diciembre del mismo año). Poco a poco el boca a boca hizo lo suyo y mientras pasaban los meses recibió los premios más importantes que otorgan en España (algunos a título póstumo) como el de la Crítica y el Nacional de Narrativa; fue un éxito de ventas (nunca incluido en los 10 más vendidos, no se sabe por qué) y se habló de él en cada cenáculo literario.

Como comprenderéis, como musa que soy, tenía una curiosidad extrema por saber qué tenía de especial este libro: pues son cuatro relatos ambientados en la Guerra (in)civil española, no sé yo muy bien si con las ansias conciliadoras que muchos han otorgado, pero desde luego sin nada que envidiarle a novelas de esa época como La cabeza de cordero de Ayala, o toda la producción de Max Aub (en especial, Campo abierto). Ahora (y siempre, por lo visto), vuelve a estar de moda la guerra española del 36, la literatura no se queda atrás y logro entender que es una lucha que 60 años después no está resuelta, por lo que en el sentimiento histórico de cada uno (unos hasta el gorro ya, y otros creyendo que no se ha hecho justicia) todavía tiene que reflejarse en cada una de las disciplinas artísticas.

En el cine el tema está ahora de actualidad con El laberinto del fauno; en literatura llevamos años leyendo obras de este tipo (La voz dormida, Soldados de Salamina, La larga marcha) y yo he de reconocer que tengo debilidad por este tema, he devorado a Max Aub, mi novela favorita es Réquiem por un campesino español, he leído y releído El fin de la Esperanza, y después de este tiempo empapándome de este tema, me he dado cuenta de que al final, las historias son unas más sobrecogedoras que otras, a unos se les ve el plumero más que a otros, pero, al fin y al cabo, nunca terminaremos de reconciliarnos si no asumimos definitivamente que esa mancha en nuestra historia conviene aceptarla tal y como fue. 

En Los girasoles ciegos tengo que destacar el segundo relato: “Segunda derrota: 1941 o Manuscrito encontrado en el olvido” que ha logrado conmoverme. Al fin y al cabo son historias humanas, de una carga emotiva perfectamente dosificada, y eso sí: con una prosa tan cuidada, una fluidez narrativa tan natural y sutil que hace que poco a poco el lector se enmarañe en cada historia. Qué pena que no esté entre nosotros el autor Méndez, habría dado mucho que hablar, sin duda.

Commentarios

Comment from Anna
Time: 20 Febrero 2007, 21:29

A mí también me interesa el tema de la guerra civil el problema es cuando sólo se utiliza para cofrontar y no para ahondar en lo que pasó y reconocer a las vícimas.

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