La camarera y mi abrigo de 40 euros
He de confesar que me acerqué a esta película movida más por un interés por su directora y guionista que por el propio filme. Tras leer en El País la triste historia de su muerte y una descripción de su vida y personalidad me interesé de inmediato por ver La Camarera. Para quienes no la conozcan, les resumo los motivos que hicieron que su historia me sacudiera por dentro y me hiciera acercarme a la gran pantalla. Adrienne Shelly, actriz y directora neoyorquina, fue encontrada muerta en su casa por su marido, Andy Ostroy. Todos los indicios apuntaban a un suicidio y así quiso cerrar el caso la policía. Sin embargo, su marido se negó a creerlo. Adrienne estaba a punto de dar la vuelta al mundo con su recién terminada La Camarera, esperaba feliz su acogida en festivales y la mañana antes de su muerte bromeó con su marido por teléfono tras haber dejado a su hija de tres años en el colegio. Para él era inconcebible que Adrienne hubiera querido poner fin a su vida ahogándose colgada en la bañera. Finalmente se descubrió una huella desconocida en su casa que acabó llevándoles hasta un inmigrante ilegal que trabajó en las obras de un piso cercano al de Adriene. El sujeto confesó que la mujer, ante el ensordecedor ruido de las obras, les amenazó con llamar a la policía y él, que no sabía hablar inglés, sólo entendió que iba a ser denunciado a la policía. La siguió hasta su casa, la golpeó, la dejó inconsciente y, pensando que estaba muerta, la ató con una cuerda a la ducha para fingir un suicidio.
Cuando todos los indicios apuntaban al suicidio de Adrienne, su marido declaró que si se veía su última película se entendía que ella no tenía sus pensamientos puestos en la muerte sino en la vida. Y así es. La camarera encierra una visión optimista de la vida aún cuando la vida haga todo lo posible por ser tan oscura como un túnel sin salida. Es una película amable que te deja un sabor de boca muy dulce (y el estómago con retortijones pidiéndote a gritos una tarta norteamericana).
Cuenta la historia de una camarera-pastelera que vuelca sus pensamientos, deseos y enfados en los nombres de sus pasteles (pastel de “patada en la entrepierna” por ejemplo). Es un cuento de hadas sensible, sin ñoñería, que nos recuerda que casi todo es posible. La protagonista, Keri Russel, se quita de encima a su empalagosa imagen de joven pesada que tenía en Felicity, y actúa con solvencia en esta agradable película para pasar una buena tarde, sin muchas más pretensiones que las de un pastel bien hecho. Sí, estoy contenta tras verla y tras comprarme después un abrigo de 40 euros con tara invisible para afrontar este duro invierno que nos espera. Así que os recomiendo que o bien vayáis a ver La camarera o busquéis un abrigo barato para los meses que se avecinan.
Escrito: Noviembre 25th, 2007 en la sección Cine, por Talía.
Comentarios: 1
Commentarios
Comment from José A.Ritoré
Time: 25 Noviembre 2007, 19:44
Hombre, algo noña sí que es. Lo que más me gusta son los secundarios, especialmente el viejo Joe. Lo que es difícil creer es que aguante tanto a al cretino de su marido.
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