Las mujeres en los medios
Hace una semana se celebró en Málaga el II Congreso Internacional de Estudios de Género y Políticas de Igualdad, bajo el título “La imagen pública de la mujer”, para valorar si la imagen que transmiten los medios de comunicación sobre las mujeres es discriminatoria. De entrada, muchos optimistas (o malinformados) pensarían que hemos llegado a un punto donde no se consentirían desigualdades generales, y que por lo tanto efectivamente existe igualdad y respeto. Sin embargo los datos dicen lo contrario. Todos los participantes en el congreso han destacado la discriminación de la mujer en los medios de comunicación, no sólo en la publicidad, sino también en informativos y otros formatos. En los programas de noticias se cita a un 79% de hombres frente a un 21% de mujeres, y en la mayoría de los casos se destaca su situación familiar frente a la profesional.
En la publicidad se sigue utilizando el cuerpo de la mujer como reclamo, y casi siempre se las sitúa en el ámbito familiar y del hogar. Los anuncios de juguetes son todavía más sangrantes: siguen siendo las niñas las que juegan con muñecas en entornos domésticos de color rosa, y los niños salen a explorar con sus mochilas y brújulas al exterior.
Efectivamente no hemos llegado a un consenso para mejorar la imagen que se da de la mujer en los medios. Tampoco en los cuentos infantiles, donde ellas son princesas que aspiran a príncipes para que las salven, o bien brujas que han llegado a tener poder a través de la maldad. Son estereotipos muy manidos, estoy de acuerdo, pero creo que ha llegado un momento en el que, o cambiamos la imagen que se da de las mujeres, o no avanzaremos hacia un trato igualitario.
Los medios de comunicación tienen un papel fundamental hoy en día como transmisores de información y formadores de significados (subrayando las palabra de la secretaria general de Políticas de Igualdad, Murillo de la Vega), por lo que su responsabilidad con la mujer debe ser el de colocarlas en igualdad y equivalencia, sacándolas del ámbito doméstico y sacrificado. Parece la única forma avanzar, porque a este ritmo, no creo que yo llegue a ver la igualdad definitiva entre hombres y mujeres, y no es cuestión de ser pesimistas, como sabiamente dice Saramago “yo no soy pesimista: soy un optimsita bien informado”.
Escrito: Abril 3rd, 2008 en la sección En femenino, por Clío.
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