Consumir con responsabilidad
Hay que ver el lado positivo de todo, y nuestra crisis lo tiene. Sé lo que es morder el polvo por culpa de la crisis (creedme), pero siempre hay alternativas peores y eso nos debe hacer reflexionar. Todo lo que ha pasado debe servirnos para ahuyentar el modelo económico anterior y abrirle las puertas a un nuevo concepto de consumismo y mentalidad.
Mientras en el primer mundo las mujeres estamos luchando por tener un parto lo menos intervencionista y medicalizado posible, en los países en vías de desarrollo las mujeres arriesgan su vida para ser madres: muere una mujer en uno de cada ocho partos, por no poder acceder a la asistencia sanitaria: ni siquiera pueden ir a un médico después de parir y muchas se desangran. Esta es la dualidad a la que nos enfrentamos a diario, la cara y la cruz de dos mundos que no encuentran el equilibrio: Los niños se mueren de hambre en el hemisferio sur del planeta, y en el norte criamos obesos retoños con serios problemas cardiovasculares. En el primer mundo es difícil conseguir un trabajo y en el otro los niños son explotados para trabajar a diario porque se necesita mano de obra barata o gratuita para abastecernos de lujos innecesarios. El consumo de agua en mal estado mata a más personas (en especial niños y niñas) que la guerra o el terrorismo, y en los países del norte llenamos piscinas de agua potable (agua que tampoco nos sobra).
No existe una fórmula mágica para acabar con estas desigualdades, pero una cosa está clara: el exceso de consumismo en los países desarrollados destruye a los países menos desarrollados. ¿Qué tengo que hacer yo, ciudadano de a pie, para evitar todas estas injusticias?, ¿Asociarme y contribuir económicamente en todas las ONG existentes legales para que ayuden a mitigar esta situación? Pues no está mal, es una opción muy correcta. ¿”Adoptar” económicamente a miles de niños por todo el mundo para darles una educación? Tampoco es una mala idea, pero asegúrate de que tu dinero le llega íntegro. Estas opciones son loables y ayudan a salir adelante. Pero, lo más importante, hay que cambiar el chip consumista que tenemos todos dentro. ¿Es necesario tener tantos pares de zapatos?, ¿y los bolsos?, ¿y la casa en propiedad?, ¿más coches de los que somos en casa?, ¿tantos regalos al año que ni hacen ilusión ni sirven para nada?, ¿tanta carne?, ¿tanta luz artificial?
La balanza está descompensada y somos los ciudadanos del primer mundo los que tenemos que compensarla; nuestra forma de ayudar no es frenar el consumo de golpe: si pagas 300 € por un bolso, estás enriqueciendo a alguien en exceso, y si pagas 3 € es posible que haya trabajadores explotados detrás.
Según datos de las Naciones Unidas, si todos los habitantes del planeta consumiéramos al mismo ritmo que un ciudadano medio de un país de altos ingresos, necesitaríamos 2, 5 planetas iguales para poder sostener el peso.
Consume con responsabilidad.
Escrito: Octubre 27th, 2009 en la sección Mil Noticias.
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