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¿Quienes son los animales en esta guerra?

378ea9cfebf5534e3684aa89cb599c01.jpgNoticias como estas cortan la respiración a más de uno: una mujer ha abandonado a sus dos perros en un piso durante un mes sin comida ni bebida. Uno de los perros murió y el otro, con signos de desnutrición, empezó a comerse el cadaver del primero.

Lo peor de todo esto es la impunidad que hay en España para este tipo de delitos contra los animales. La legislación no está clara y depende de cada Comunidad Autónoma: así en Canarias están prohibidas las corridas de toros, que son legales en el resto de España, pero las peleas de gallos son legales (y en el resto de España están prohibidas). En el código penal hay un artículo que legisla esto, pero da lugar a muchas controversias: “que maltrataren cruelmente a los animales domésticos, o a cualquier otro, en espectáculos no autorizados legalmente”. El vacío legal es importante y no es equiparable al resto de Europa (en Reino Unido, el maltrato a los animales está penado con cárcel). Por lo que al final, cuando alguien tortura, golpea, maltrata o asesina cruelmente a un animal, lo más seguro es que tenga que pagar una multa de 1000 € y así queda el asunto zanjado.

De todas formas, ¿qué se puede esperar de un país que todavía conserva tradiciones como el toro embolado o las corridas de toros? ¿Si en lugar de un toro, hubiese un dulce golden retriever recibiendo los banderillazos, se seguiría manteniendo la fiesta nacional? Me temo que no. Y lo peor es que en el fondo no hay diferencia.

Galgos ahorcados cuando ya no sirven, gatos usados como dianas, tigres enjaulados en los circos, toros torturados hasta la muerte, peleas de perros, burros a los que se les cortan las orejas por entretenimiento, perros abandonados porque sus dueños son incapaces de educarlos y cuando se convierten en adultos dejan de ser el tierno cachorro… y un largo rosario de crueldades con los animales que quedan impunes.

¿Qué tipo de humanos somos? ¿Quienes son realmente los animales?

Nuestra asignatura pendiente: la eutanasia

Ramon+Sampedro[1].jpgEsta noche, el canal de televisión Cuatroº emite un documental llamado Mi muerte es mía, donde vamos a poder conocer dos casos de mujeres que quieren morir dignamente porque arrastran una enfermedad degenerativa que las postrará en una cama sin ningún tipo de calidad de vida para ellas. Una vive en Holanda y le respaldan las leyes de su país, donde su médico de cabecera le ayudará a morir en casa, acompañada de sus seres queridos. La otra vive en España, y sabe que implicar a una tercera persona en su muerte supone un enfrentamiento legal.

En España hemos conseguido la ley del aborto, la ley del divorcio, el matrimonio entre homosexuales… derechos otorgados a personas para llevar una vida mejor y más digna. Con todos estos avances sociales que hemos logrado, nos queda el derecho esencial de la vida: vivir como uno quiere y morir cuando uno quiera. Y regularlo por ley.

Tenemos la llamada “muerte digna”, con los cuidados paliativos correspondientes, que gracias a la Comunidad de Madrid ha estado en tela de juicio en los últimos años. Hemos tenido casos como el de Ramón Sampedro, de personas que querían acabar con su sufrimiento. Desde aquí creemos que es el momento de tomar medidas.

No os perdáis el documental esta noche, esperemos que despierte conciencias a más de uno.

¿Por qué leer ficción?

Literatura[1].jpgEn la festividad de San Jorge, día del libro, las musas nos hacemos una pregunta: ¿por qué leer ficción? Como podéis comprobar, la pregunta no es simplemente ¿por qué leer?, ya que leer abarca desde la lectura de una novela a la lectura de un prospecto medicinal o de una octavilla. Y tampoco es lo mismo leer un libro de autoayuda filosófica zen, ni una revista del corazón, que la última selección de recetas de Karlos Arguiñano. A nosotras, las musas del Parnaso, nos interesa analizar porqué se leen las novelas, la poesía, el ensayo, el teatro: la literatura.

Personajes grandes y medianos han dado respuesta a esta cuestión: “leer nos hace librepensadores”, y todos se referían a leer literatura. Se me ocurre una etapa crucial en España que refleja esto perfectamente: a principios de los años 30 del siglo XX, los personajes importantes de la literatura y la difusión de la cultura se reunían en cafés y luego escribían sobre la problemática social del momento. Muchos de los líderes del país durante la República procedían del mundo de las letras y la cultura: Azañan, Besteiro, Pérez de Ayala… intelectuales que se politizaron, ya que la política se convertía en el único medio eficaz para luchar contra la problemática social. No vamos a embarcarnos aquí en cuestiones metaliterarias del arte como panfleto político en lugar de como obra de arte en sí misma (Ortega o Díaz Fernández lo hicieron y sacaron sus conclusiones): si me estoy remontando a antes de la guerra, en plan abuela, es para situarnos en la importancia que ha tenido la literatura de ficción en la historia, la política y en la sociedad. Más de una vez he escuchado a gente formada en universidades, que consideran que leer ficción es una pérdida de tiempo, porque, y cito literalmente: “es leer algo que nunca ha pasado, inventado por otros, yo prefiero leer algo que haya ocurrido de verdad, que me enseñe historia o me enseñe algo”.

Queridos amigos escépticos, la literatura enseña cuestiones que la historia estudiada es incapaz de traspasar. La buena literatura es aquella que te transmite un pensamiento, que profundiza en algo, que te deja asomarte al mundo en su realidad, que abarca todo. Os invito a todos a que me déis vuestros motivos para leer o para no leer literatura. Aquí va mi motivo:

Leo porque es el único medio que tengo para ver el mundo con perspectiva, y sobre todo, es la única forma de abrirme la mente a otras posibilidades.

Fuera de carta huele a Sin reservas

976385.jpgSí, lo confieso, he ido a ver Fuera de carta y lo que es peor, le he encontrado tantas similitudes con Sin reservas que se me ha caído el mito del cine español (originalidad por lo menos, hombre). Si en Sin reservas era Catherine Zeta Jones la chef de un lujoso restaurante, en Fuera de carta es Javier Cámara el dueño de un restaurante de moda en Chueca. Tanto Catherine como Cámara viven por y para su trabajo, sin ataduras. A Catherine le encasquetan a una sobrina y a Cámara unos hijos de una vida hetero pasada. Ninguno de los dos puede permitirse tener una pareja, pero acaban sucumbiendo al poder del amor frente al trabajo; ambos ansían el reconocimiento de su restaurante bien con una estrella Michelín, bien con una crítica positiva en un periódico de prestigio. Atención spoiler: Ninguno lo consigue porque antepone su vida familiar a la profesional. Incluso el final de la película es exactamente el mismo.

La única diferencia entre una película y otra, es que en la versión en español introducen un elemento de “compromiso social” (bastante discutible, por cierto): el prota es homosexual, su novio es incapaz de salir del armario, y los chistes fáciles y situaciones de enredo son continuas, como en las típicas comedias madirleñas.

Lo único que se salva de la quema son las actuaciones de los protagonistas, Cámara se sale, Lola Dueñas también hace un buen papel, Benjamín Vicuña es de los guapos guapísimos y Fernando Tejero ya me resulta cansino.

Si os gustan Siete vidas, Aída o Gominolas, la película es del mismo creador, pero tenéis que saber que la originalidad de estas series no implica necesariamente la originalidad en la película. Otra más, y además oliendo a versión (bastante regular, por cierto) de otra cinta americana.

Las hermanas Bolena

other-boleyn-girl-poster.jpgEntre el muso que vino conmigo al cine y yo no nos pusimos de acuerdo, a la salida, de quién había sido la brillante idea de ver esta película. No porque la película sea mala, que no lo es, sino porque la primera parte se hace especialmente lenta, insípida y rozando el salirse uno del cine. Menos mal que después remonta y te empiezas a interesar en la trama.

La verdad es que la historia tiene todos los ingredientes para convertirse en un peliculón: la familia Bolena quiere medrar en la sociedad inglesa y no hay mejor manera que introducir a sus hijas en la cama del rey Enrique VIII. Y sus hijas son nada más y nada menos que Natalie Portman y Scarlett Johansson, que aprovechando su tirón se embarcan en esta producción a la que claramente se le podría sacar más jugo. Desde luego ellas son el gran reclamo de la película, además de un Eric Bana que consigue que nos creamos a un Enrique VIII vendido al poder de las mujeres. Papelón el de Ana Torrent como Catalina de Aragón, sale diez minutos pero merece la pena.

Volviendo a Scarlett y Natalie, cada una se mete en su papel y lo saca adelante dignamente, aunque pocos espectadores nos creamos que Scarlett era la hermana fea… Desde luego la Portman se luce mucho más, porque su papel es el de la manipuladora, fría y calculadora Ana Bolena, incluso le da al personaje un aire de nuestros días (conozco a más de una que es igual de sibilina).

Sales del cine con la sensación de que te han entretenido con cierta dignidad, pero la película se te olvida tras dos minutos poniendo a parir a Enrique VIII. De hecho, la ví hace casi dos semanas y me acabo de acordar de mencionarla aquí en la blog… cosas del cine.

El sexismo en el lenguaje

arroba.gifEl Congreso de los Diputados se enfrenta a una moción para cambiar su nombre, ya que no todos los lingüistas están de acuerdo con que la palabra “diputado” abarque a las diputadas también.

Retomamos un tema que nos trae de cabeza desde que las mujeres nos dimos cuenta de que el sexismo en el lenguaje existe, y que hay que encontrar un término medio entre el masculino general de género no marcado y el desdoblamiento continuo de masculino y femenino. Resulta igual de chocante escuchar un discurso íntegro en masculino (aunque sea de género no marcado), que un discurso con continuos desdoblamientos, que hace que la máxima principal de la gramática desapareca: la economía del lenguaje.

Creo que todos tenemos que estar de acuerdo con que los principales problemas con los que nos encontramos las personas que hablamos el español son las profesiones cuyo femenino resulta forzado, a pesar de estar reconocido por la RAE. Es el caso de ejemplos como jueza, abogada, médica o ministra. También cuando hablamos de gentilicios, y en general de sustantivos con claro predominio masculino; incluso cuando nos referimos a “hijos”, cuando se incluyen las hijas, o a “ellos”, cuando están incluidas ellas. En el Cantar del Mío Cid, el Romancero, el Libro del Buen amor y otros clásicos, se utilizaba el desdoblamiento continuamente (hombres y mujeres), pero cuando aparecen las academias de la lengua se crea una norma androcéntrica. Hoy en día resulta sangrante cuando se habla de claros femeninos y se usa el masculino (la juez que instruye el caso…); pero todo esto tiene una solución complicada.

Para evitar los desdoblaminetos forzados, se puede recurrir al uso de sustantivos colectivos, como el “género humano” o la “humanidad” en lugar de “hombres del mundo”; sin embargo ésto tampoco funciona siempre. Los lingüistas están trabajando en una nueva gramática que nos aclare todas estas dudas, porque el desdoblamiento, que es lo que muchos colectivos están fomentando, no se puede mantener siempre.

La arroba soluciona algunas veces pero no es la solución al problema: se puede leer pero no se puede pronunciar (y no me imagino yo al groso de los académicos aceptándola).

Desde aquí aceptamos soluciones al respecto para evitar situaciones incómodas, se trata de recurrir a la lógica común para que nadie se sienta excluido al hablar, ya que no es por una cuestión de humillación a la mujer, sino simplemente de ocultación: las mujeres no existimos muchas veces en los medios de comunicación, en los discursos o en lo cotidiano.

Prohíben Los Simpson en Venezuela

lo-simpson.jpgCreo que a estas alturas nadie duda que la familia Simpson es una auténtica referencia cultural: son contestatarios y políticamente incorrectos, pero reflejan una realidad social que no es sólo norteamericana, es extrapolable al resto del mundo. ¿Quién no tiene una vecina como Marge, o un primo como Bart? ¿Quién no se ha encontrado alguna vez en su vida a un Barnie, o a un Flanders?

Hugo Chavez ha decidido que son una mala influencia para los menores de su país y ha decidido prohibirlos. Unos estaremos más de acuerdo que otros con que estos dibujos animados no están destinados a los niños (a mí personalmente me parecen más apropiados que muchos dibujos manga violentos), pero que el dictador que maneja tu país decida de golpe y plumazo eliminar una relativamente “suave” serie de TV, acojona.

Puede parecer una tontería la decisión tomada por este personaje, ya que al fin y al cabo estamos hablando de una serie de dibujos animados, y bastantes libertades les están quitando a los venezolanos, pero tiene que ser frustrante vivir en un país donde las decisiones de ese tipo las toma un loco y te coartan hasta el entretenimiento.

Mucho ánimo a los venezolanos (con los que me solidarizo en todas las cuestiones relativas a su gobierno), y confiad en que vendrán tiempos mejores y este hombre no puede durar eternamente. Y a los seguidores de la serie… ¡viva santa internet!

Las mujeres en los medios

feministas-e-sufragetes.jpgHace una semana se celebró en Málaga el II Congreso Internacional de Estudios de Género y Políticas de Igualdad, bajo el título “La imagen pública de la mujer”, para valorar si la imagen que transmiten los medios de comunicación sobre las mujeres es discriminatoria. De entrada, muchos optimistas (o malinformados) pensarían que hemos llegado a un punto donde no se consentirían desigualdades generales, y que por lo tanto efectivamente existe igualdad y respeto. Sin embargo los datos dicen lo contrario. Todos los participantes en el congreso han destacado la discriminación de la mujer en los medios de comunicación, no sólo en la publicidad, sino también en informativos y otros formatos. En los programas de noticias se cita a un 79% de hombres frente a un 21% de mujeres, y en la mayoría de los casos se destaca su situación familiar frente a la profesional.

En la publicidad se sigue utilizando el cuerpo de la mujer como reclamo, y casi siempre se las sitúa en el ámbito familiar y del hogar. Los anuncios de juguetes son todavía más sangrantes: siguen siendo las niñas las que juegan con muñecas en entornos domésticos de color rosa, y los niños salen a explorar con sus mochilas y brújulas al exterior.

Efectivamente no hemos llegado a un consenso para mejorar la imagen que se da de la mujer en los medios. Tampoco en los cuentos infantiles, donde ellas son princesas que aspiran a príncipes para que las salven, o bien brujas que han llegado a tener poder a través de la maldad. Son estereotipos muy manidos, estoy de acuerdo, pero creo que ha llegado un momento en el que, o cambiamos la imagen que se da de las mujeres, o no avanzaremos hacia un trato igualitario.

Los medios de comunicación tienen un papel fundamental hoy en día como transmisores de información y formadores de significados (subrayando las palabra de la secretaria general de Políticas de Igualdad, Murillo de la Vega), por lo que su responsabilidad con la mujer debe ser el de colocarlas en igualdad y equivalencia, sacándolas del ámbito doméstico y sacrificado. Parece la única forma avanzar, porque a este ritmo, no creo que yo llegue a ver la igualdad definitiva entre hombres y mujeres, y no es cuestión de ser pesimistas, como sabiamente dice Saramago “yo no soy pesimista: soy un optimsita bien informado”.

La Fama cuesta

0000028446.jpgSí, lo reconocemos (no paramos de reconocer vergüenzas): las musas nos hemos enganchado a este talent show (nos negamos a llamarlo reality show: esto no es un Gran Hermano donde los concursantes contemplan las palmeras. Aquí, o bailas, o te vas a la calle) y yo, como musa de la televisión, no puedo evitar escribir una entrada sobre las lindezas de los concursantes y sus profesores.

¿Quién no veía la serie Fama, de pequeños, y soñaba con ser un bailarín como Leroy Johnson o una profesora como Lydia Grant? Seguro que muchos concursantes ni siquiera han visto la serie (son todos postadolescentes de ventipocos), pero cada día puedes sumergirte en la escuela y aprender a sudar la gota gorda… y sobre todo: que la fama cuesta.

Ahora que se buscan valores para la juventud hasta en los cómics de Rompetechos, encontramos un formato que lo único que te transmite es que para cumplir tu sueño, llegar a ser lo que quieres, perseguir un fin, es necesario mucho esfuerzo, mucho trabajo y mucha insistencia. Entre los profesores encontramos de todo: desde el que sólo funciona a base de gritos, hasta el que coleguea y saca lo mejor de cada uno con su buen rollito. Y ambos son correctos, para aprender se necesita disciplina y comprensión.

Entre los concursantes todos tienen algo en común: quieren bailar por encima de todo y viendo el concurso podemos observar los niveles de sacrificio de cada uno.

Me encanta ver que enfervorecidos fans de estos bailarines salen a la calle para jalearlos, presionan a la productora y a la cadena para que tengan su propia gala nocturna (durante 3 meses el programa ha sido vespertino, y gracias a la presión de los telespectadores, ahora cada domingo tenemos gala), y colapsan las escuelas de baile para aprender funky o clásico. Si en el post “Los chicos del mañana” la musa Urania veía una juventud abocada a la catástrofe, nimiedades de este tipo hacen que tengamos un poco de esperanza en los jóvenes de hoy, que por supuesto van más allá y se comprometen con el mundo en el que viven.

Por lo menos la televisión empieza a desterrar los programas del corazón, de los que estábamos escaldados y hartos muchos telespectadores a los que se nos trataba como imbéciles. Por lo menos ahora nuestras alternativas, a parte de los documentales de la 2 (muchos interesantes, otros realmente soporíferos), van mejorando. No queremos una televisión que enseñe ni eduque porque ese no es su cometido, para eso están las escuelas, los libros y la cultura. La televisión tiene la misión de entretener, pero por favor, tratándonos como personas medianamente inteligentes.

La flor más grande del mundo

imagenRecorte.jpgEs verdad que soy auténtica seguidora de Saramago, y por eso, cuando sale algo relacionado con él, no puedo evitar calzarme mis botas de cultureta y empaparme de su estilo. Basado en el cuento del mismo nombre que escribió el autor hace siete u ocho años, el corto de animación realizado por Juan Pablo Etcheberry, narrado por el propio Saramago y con música de Emilio Aragón bebe de la sencillez y la humildad que caracteriza el genio del autor.

La historia es simple, como todas las historias que cuenta el portugués, pero lleva detrás una mochila de símbolos y alegorías, dirigidas a los niños, que comparte con el resto de su bibliografía. La belleza comienza desde la primera escena, y el niño héroe desprende una ternura propia de quien ha sido creado por alguien tan especial como el premio Nobel.

Saramago trata a los niños como si fueran adultos, pero “sabiendo elegir las palabras” para que ellos le entiendan. Ñoñería, cursilería o tramas enrevesadas, tan presentes en las historias para niños, brillan por su ausencia. La mano decidida de Etcheberry nos transporta con mucha delicadeza y calma la historia, Saramago se disculpa por su falta de paciencia a la hora de contar historias para niños (cosa que no sorprende, porque su humildad roza la modestia) y todos viajamos hacia un cuento con ingredientes básicos (niño que sale de su entorno familiar y emprende un viaje, en el que será el salvador de una rara flor a punto de morir).

La moraleja del premio Nobel, como siempre comprometido hasta las trancas con el mundo en el que vive, no deja indiferente a nadie: “¿Y si las historias para niños fueran de lectura obligatoria para los adultos? ¿Seríamos realmente capaces de aprender lo que, desde hace tanto tiempo, venimos enseñando?”