Fuera de carta huele a Sin reservas
Sí, lo confieso, he ido a ver Fuera de carta y lo que es peor, le he encontrado tantas similitudes con Sin reservas que se me ha caído el mito del cine español (originalidad por lo menos, hombre). Si en Sin reservas era Catherine Zeta Jones la chef de un lujoso restaurante, en Fuera de carta es Javier Cámara el dueño de un restaurante de moda en Chueca. Tanto Catherine como Cámara viven por y para su trabajo, sin ataduras. A Catherine le encasquetan a una sobrina y a Cámara unos hijos de una vida hetero pasada. Ninguno de los dos puede permitirse tener una pareja, pero acaban sucumbiendo al poder del amor frente al trabajo; ambos ansían el reconocimiento de su restaurante bien con una estrella Michelín, bien con una crítica positiva en un periódico de prestigio. Atención spoiler: Ninguno lo consigue porque antepone su vida familiar a la profesional. Incluso el final de la película es exactamente el mismo.
La única diferencia entre una película y otra, es que en la versión en español introducen un elemento de “compromiso social” (bastante discutible, por cierto): el prota es homosexual, su novio es incapaz de salir del armario, y los chistes fáciles y situaciones de enredo son continuas, como en las típicas comedias madirleñas.
Lo único que se salva de la quema son las actuaciones de los protagonistas, Cámara se sale, Lola Dueñas también hace un buen papel, Benjamín Vicuña es de los guapos guapísimos y Fernando Tejero ya me resulta cansino.
Si os gustan Siete vidas, Aída o Gominolas, la película es del mismo creador, pero tenéis que saber que la originalidad de estas series no implica necesariamente la originalidad en la película. Otra más, y además oliendo a versión (bastante regular, por cierto) de otra cinta americana.
Escrito: Abril 21st, 2008 en la categoría Cine, por Talía.
Comentarios: ninguno, todavía
Entre el muso que vino conmigo al cine y yo no nos pusimos de acuerdo, a la salida, de quién había sido la brillante idea de ver esta película. No porque la película sea mala, que no lo es, sino porque la primera parte se hace especialmente lenta, insípida y rozando el salirse uno del cine. Menos mal que después remonta y te empiezas a interesar en la trama.
El Congreso de los Diputados se enfrenta a una moción para cambiar su nombre, ya que no todos los lingüistas están de acuerdo con que la palabra “diputado” abarque a las diputadas también.
Creo que a estas alturas nadie duda que la familia Simpson es una auténtica referencia cultural: son contestatarios y políticamente incorrectos, pero reflejan una realidad social que no es sólo norteamericana, es extrapolable al resto del mundo. ¿Quién no tiene una vecina como Marge, o un primo como Bart? ¿Quién no se ha encontrado alguna vez en su vida a un Barnie, o a un Flanders?
Hace una semana se celebró en Málaga el II Congreso Internacional de Estudios de Género y Políticas de Igualdad, bajo el título “La imagen pública de la mujer”, para valorar si la imagen que transmiten los medios de comunicación sobre las mujeres es discriminatoria. De entrada, muchos optimistas (o malinformados) pensarían que hemos llegado a un punto donde no se consentirían desigualdades generales, y que por lo tanto efectivamente existe igualdad y respeto. Sin embargo los datos dicen lo contrario. Todos los participantes en el congreso han destacado la discriminación de la mujer en los medios de comunicación, no sólo en la publicidad, sino también en informativos y otros formatos. En los programas de noticias se cita a un 79% de hombres frente a un 21% de mujeres, y en la mayoría de los casos se destaca su situación familiar frente a la profesional.
Es verdad que soy auténtica seguidora de Saramago, y por eso, cuando sale algo relacionado con él, no puedo evitar calzarme mis botas de cultureta y empaparme de su estilo. Basado en el cuento del mismo nombre que escribió el autor hace siete u ocho años, el
Después de unas merecidas vacaciones, las musas volvemos a dar guerra.
Con la resaca del debate entre los candidatos a la presidencia de nuestro país, el balance es poco sorprendente: si alguna vez habéis visto sesiones en el parlamento, esto era una sesión del parlamento con el señor Campo Vidal dando el turno. Nada nuevo en los discursos, los mismos argumentos que llevamos escuchando desde hace 4 años, con la diferencia de que se trataba de un cara a cara televisado, y donde se intentaba rascar quién de los dos había ganado el careo.
Las musas no cabemos en nosotras mismas de la ilusión del Oscar de Bardem. Eso de que a un español le den un Oscar al mejor actor no pasa no todos los días (de hecho no ha pasado en la vida). Fantástica esa