Iron Man
A pesar de que Iron Man era ya hiper conocido por los lectores de cómics, yo he tenido que escarbar un poco en el mundillo para entender su tirón, ya que ni me sonaba: la editorial norteamerican de cómics Marvel (Hulk, Spiderman, Los cuatro fantásticos, Capitán América, etc.) publicó el primer número de Iron Man en 1963, y fue co-creado por el Spielberg de los cómics, Stan Lee (Spiderman, X-Men, Hulk, y un largo etcétera), que en la película hace un divertido cameo, donde el propio Tony Stark le confunde con Hugh Hefner (Playboy) al verle vestido con el típico batín rojo y rodeado de exuberantes mujeres a la entrada de una fiesta.
Así que me arremangué y fui al cine pensando: otra de superhéroes. Y entré bastante reticente, pero la verdad es que salí sorprendida con el film: Tony Stark se reconvierte de un fabricante de armas a un superhéroe cuyo objetivo es erradicar las mismas, con Oriente Medio como destino de sus hazañas. Robert Downey Jr. (Stark) se mete en su papel de exitoso hombre de negocios que además sabe disfrutar de la vida (la envidia de cualquier mortal), para luego convertirse en un comprometido superhéroe pacifista, que tanta falta nos hace. Gwyneth Paltrow es su ayudante-secretaria-chica-para-todo, y los secundarios Jeff Bridges (irreconocible, es el malísimo Obadiah Stane que quiere hacerse con el control de la empresa de Stark y se convierte en el enemigo que todo superhéroe que se precie tiene) y Terrence Howard aportan su granito de arena a un film previsible (es una de superhéroes, no se puede ser muy original) pero bastante redondo, que deja un buen sabor de boca final.
Desde luego es la película perfecta para pasar dos horas entretenido (la primera parte está por encima de la media) y olvidarte de todas las obligaciones que los demás mortales no superhéroes tenemos en nuestra vida cotidiana.
Escrito: Mayo 9th, 2008 en la categoría Cine, por Talía.
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Hace unos días un periódico gratuito anunciaba que 2008 iba a ser el año del Konsumismo: kon-su-mismo coche, kon-su-misma casa, kon-su-mismo todo… Y todo por la crisis, desaceleración o cataclismo de nuestra economía (según lo escuche uno de un partido político u otro). Y en medio de tanta crisis llega un puente vacacional y ¿qué pasa en nuestro país en crisis? Que las carreteras se atascan en cientos kilómetros, los chiringuitos se ponen hasta los topes y los hoteles registran ocupaciones de hasta el 100% Pero ¿cómo es posible?, ¿si estamos andando hacia el cataclismo, el pan está por las nubes y la leche “pa qué las prisas”? En España preferimos estar antes muertos que sin vacaciones, podemos ir con los pantalones genuinos del 84, cortarnos el pelo al ras para ahorrar en peluquería, arreglar con celo el grifo que gotea en el baño pero ¿sin vacaciones y cañitas? No señores, que entones seríamos rusos que no españoles. De hecho, creo que la cerveza y el pincho de tortilla de patata son las únicas señas verdaderas de identidad nacional que tenemos.
Noticias como estas cortan la respiración a más de uno: una mujer ha abandonado a sus dos perros en un piso durante un mes sin comida ni bebida. Uno de los perros murió y el otro, con signos de desnutrición, empezó a comerse el cadaver del primero.
Esta noche, el canal de televisión Cuatroº emite un documental llamado Mi muerte es mía, donde vamos a poder conocer dos casos de mujeres que quieren morir dignamente porque arrastran una enfermedad degenerativa que las postrará en una cama sin ningún tipo de calidad de vida para ellas. Una vive en Holanda y le respaldan las leyes de su país, donde su médico de cabecera le ayudará a morir en casa, acompañada de sus seres queridos. La otra vive en España, y sabe que implicar a una tercera persona en su muerte supone un enfrentamiento legal.
En la festividad de San Jorge, día del libro, las musas nos hacemos una pregunta: ¿por qué leer ficción? Como podéis comprobar, la pregunta no es simplemente ¿por qué leer?, ya que leer abarca desde la lectura de una novela a la lectura de un prospecto medicinal o de una octavilla. Y tampoco es lo mismo leer un libro de autoayuda filosófica zen, ni una revista del corazón, que la última selección de recetas de Karlos Arguiñano. A nosotras, las musas del Parnaso, nos interesa analizar porqué se leen las novelas, la poesía, el ensayo, el teatro: la literatura.
Sí, lo confieso, he ido a ver Fuera de carta y lo que es peor, le he encontrado tantas similitudes con Sin reservas que se me ha caído el mito del cine español (originalidad por lo menos, hombre). Si en Sin reservas era Catherine Zeta Jones la chef de un lujoso restaurante, en Fuera de carta es Javier Cámara el dueño de un restaurante de moda en Chueca. Tanto Catherine como Cámara viven por y para su trabajo, sin ataduras. A Catherine le encasquetan a una sobrina y a Cámara unos hijos de una vida hetero pasada. Ninguno de los dos puede permitirse tener una pareja, pero acaban sucumbiendo al poder del amor frente al trabajo; ambos ansían el reconocimiento de su restaurante bien con una estrella Michelín, bien con una crítica positiva en un periódico de prestigio. Atención spoiler: Ninguno lo consigue porque antepone su vida familiar a la profesional. Incluso el final de la película es exactamente el mismo.
Entre el muso que vino conmigo al cine y yo no nos pusimos de acuerdo, a la salida, de quién había sido la brillante idea de ver esta película. No porque la película sea mala, que no lo es, sino porque la primera parte se hace especialmente lenta, insípida y rozando el salirse uno del cine. Menos mal que después remonta y te empiezas a interesar en la trama.
El Congreso de los Diputados se enfrenta a una moción para cambiar su nombre, ya que no todos los lingüistas están de acuerdo con que la palabra “diputado” abarque a las diputadas también.
Creo que a estas alturas nadie duda que la familia Simpson es una auténtica referencia cultural: son contestatarios y políticamente incorrectos, pero reflejan una realidad social que no es sólo norteamericana, es extrapolable al resto del mundo. ¿Quién no tiene una vecina como Marge, o un primo como Bart? ¿Quién no se ha encontrado alguna vez en su vida a un Barnie, o a un Flanders?
Hace una semana se celebró en Málaga el II Congreso Internacional de Estudios de Género y Políticas de Igualdad, bajo el título “La imagen pública de la mujer”, para valorar si la imagen que transmiten los medios de comunicación sobre las mujeres es discriminatoria. De entrada, muchos optimistas (o malinformados) pensarían que hemos llegado a un punto donde no se consentirían desigualdades generales, y que por lo tanto efectivamente existe igualdad y respeto. Sin embargo los datos dicen lo contrario. Todos los participantes en el congreso han destacado la discriminación de la mujer en los medios de comunicación, no sólo en la publicidad, sino también en informativos y otros formatos. En los programas de noticias se cita a un 79% de hombres frente a un 21% de mujeres, y en la mayoría de los casos se destaca su situación familiar frente a la profesional.